El pato, un placer exclusivo desde la antiguedad

Hay documentación que afirma que en el año 5000 a.C. ya se domesticaba al pato y a la oca para el uso de sus carnes, en especial su hígado.
Y es en los bajorrelieves de tumbas egipcias, como en la de Saqqara, donde podemos ver una escena en la que unos trabajadores embuchan a unas ocas con bolas de comida para obtener unos hígados grandes y sabrosos. 

En Grecia, a parte del hígado, apreciaban sus carnes y el plumaje. Incluso la grasa era utilizada como cosmético. 

Los romanos aprovechaban sus estancias en Egipto para aprender la técnica de crianza y embocamiento. 

La carne de pato y la de oca llegaron a ser tan preciadas como la del cerdo, utilizando incluso su grasa para elaborar confituras. 

En el Renacimiento en Francia se promulgaron leyes con el fin de proteger la crianza de calidad, indispensable para la preparación de lo que sería un plato nacional: el foie gras.

Pasada la Revolución Francesa se permitió la producción de foie gras a gran escala y se substituyo el mijo por el maíz para la alimentación embuchada. 

Fue entonces y con la aparición de las conservas en lata, la aprobación de leyes específicas en el Parlamento francés en 1901, en las que se establece que las conservas de foie gras deben ser preparadas exclusivamente con hígados de oca y de pato de excelente calidad.

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